
La escasez de azúcar que enfrenta la población ha puesto de nuevo en el tapete de las discusiones la falta de previsión, la especulación y la escaza iniciativa gubernamental para enfrentar este problema.
Prensa, televisión y otros medios repiten diariamente escenas donde pobladores tienen que soportar largas filas y maltratos para conseguir un poco de este endulzante y a precios elevados en este país azucarero que incluso ha exportado considerables cantidades.
La escasez de este producto, resultado de la especulación por parte de los propios empresarios que cuentan con el aval de funcionarios gubernamentales y, el contrabando que se realiza hacia las fronteras, no se trata adecuadamente por el gobierno que ha recurrido a la vieja práctica de perseguir a los pequeños comerciantes y propietarios de tiendas, dejando de lado a los verdaderos causantes de la especulación y elevación de precios: los grandes industriales e intermediarios.
Son los grandes empresarios quienes presionan al gobierno para que incremente los precios de los productos “terminados” y congele el costo de la mano de obra y los insumos: así lo hicieron cuando los ganaderos exigieron el incremento del precio del litro de leche en 10 centavos. Otro de los actores de esta cadena de “desabastecimiento” no solamente con el azúcar, sino con otros productos básicos para el consumo interno es el intermediario que se aprovecha doblemente: explota al que cultiva la tierra y al consumidor. Los ingenios no pagan siquiera el precio oficial de 20 dólares por tonelada métrica, mucho menos los 27 dólares que exigen los cañicultores que soportan los fuertes soles y el agobiante trabajo de la zafra.
Los “esfuerzos” del gobierno para controlar la falta de este producto se han limitado al teatro que montan sus intendentes, y comisarios frente a las cámaras: abriendo pequeñas bodegas y vendiendo el producto en funditas, dejando de lado propuestas de los trabajadores de mercados como el Mayorista de Quito, que plantean se asigne, directamente desde los ingenios, un cupo de 1000 quintales diarios de azúcar, a cambio de la promesa de mantener “el saco a precio fijo”. Según denuncias de los propios comerciantes, el quintal de azúcar les venden a 37 dólares, cuando deberían hacerlo a 34,50.
La escasez, al decir de personeros gubernamentales no se justifica puesto que al mes, los tres principales ingenios -San Carlos, Valdez y Ecudos- “producen alrededor de 1’800.000 sacos”, que cubrirían el consumo nacional que bordea los 800.000. Por lo que el problema radicaría en la especulación de precios y el contrabando. Colombia es un mercado al que algunos comerciantes llevan el endulzante porque les pagan hasta 40 dólares por quintal.
El control para evitar las fugas en las fronteras que impediría la salida de aproximadamente 40.000 sacos por mes es una de las opciones. La solicitud de los cañicultores para que se reliquide lo obtenido en el 2009 es otro asunto que el gobierno debe poner atención, pues la materia prima que venden a los ingenios es pagada hasta un año después de que concluye la zafra.