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Rosita Paredes, mujer y luchadora comprometida

Miércoles 19 de agosto de 2009

Mujer de cabellos largos e ideas profundas, con una camisa a cuadros y una ligera sonrisa, su mirada tensa y observando al horizonte se dibuja el retrato de aquella heroína popular, que después de una larga agonía, murió a las 2:30 de la madrugada del 11 de agosto de 1973. A los 21 años, Rosita Paredes fue asesinada por un oficial de la policía que provisto de un lanzabombas le impactó en la frente un proyectil de gas lacrimógeno.

El delito de Rosita fue haber levantado su voz de protesta contra las políticas desarrollistas de la dictadura militar del general Rodríguez Lara. En esos años se profundizaba la explotación, se perseguía a los dirigentes populares, crecían los índices de pobreza y miseria, mientras tanto, las petroleras internacionales, principalmente la Texaco y la Gulf, se alzaban con los recursos petroleros.

La realidad del Ecuador de esos años eran devastadora, la situación se agravaba por donde caminaba la bota militar de la dictadura; la crisis general que se vivía en nuestro país era más notorio en la educación, sector en el que se contaba por millares las escuelas abandonadas y los locales educativos carecían de los recursos básicos para su funcionamiento; los maestros eran mal pagados y vejados por la prepotencia de las autoridades ministeriales.

La dictadura se mostro incapaz de dirigir el país y la educación; para mantener sus beneficios impulsó una política de represión, persiguió a los líderes populares, ilegalizó a las organizaciones que se le oponían a sus políticas como la UNE y la FESE, pretendió engañar al pueblo con un supuesto desarrollo y trastelones impulsó grandes negociados como la “Campaña de Distribución de Útiles Escolares Gratuitos”, proyecto en el que se distribuyeron cuadernos de 20 hojas y lápices de la peor calidad entre los escolares, sin embargo, las planillas y los contratos se hicieron por millones de millones, beneficiando a los altos oficiales y sus compinches.

Ante tal situación los maestros se movilizaron a nivel nacional, denunciaron la corruptela y prepotencia del gobierno, combatieron a las fuerzas represivas y decretaron el Paro Nacional Indefinido para exigir la restitución de los cargos de los compañeros dirigentes encarcelados y el respeto a la dignidad del magisterio.

Fueron numerosas las asambleas que se realizaron en las distintas provincias del país. “En Guayaquil, en la Casona Universitaria, puesto que había disposición especiales que negaban a la UNE la utilización de establecimientos educativos para sus deliberaciones, el 10 de agosto de 1973, una magna asamblea de maestros ratificó los planteamientos de la lucha y exigió la salida del General Durán Arcentales del Ministerio de Educación. Para impulsar estas resoluciones se organizó la Marcha por la Dignidad que salió a las calles, encabezada por los dirigentes nacionales de la UNE”.

La marcha inició a las 5 y 30 de la tarde, se dirigió a la Av. 9 de octubre hasta el Parque Centenario, lugar donde los dirigentes (nacionales y provinciales) de la UNE pronunciaron emotivos discursos y se resolvió impulsar mítines en los diversos sectores de la ciudad.

Siguiendo aquella orientación, Rosita y varios de sus compañeros cerraron la equina de la 6 de marzo y Clemente Ballén, lugar donde les interceptó la policía y fueron objeto de una intensa represión que causó la muerte de la joven maestra.

Aquel día las clases dominantes quisieron callar a la flor rebelde, vieron el momento propicio para amedrentar la voz de nuestro pueblo, pero la rosa de la revolución florece, se germina en la insurgencia de los trabajadores y la juventud. Por eso Rosita Paredes no ha muerto, su ideal que brotó desde los barrios pobres de Guayaquil, se desarrolló cuando fue secretaria de la FESE, se fortaleció con la militancia en el PCMLE y se constituyó en arma fundamental del magisterio. Los sueños de Rosita Paredes siguen presentes, son recogidos por las nuevas generaciones, se constituyen en el ideario de los nuevos combatientes por la emancipación.