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La labor del cuadro político es trascendental en el Partido

Lunes 29 de junio de 2015

Entendemos que el cuadro parte de su decisión personal de asumir nuevos retos y compromisos y juntar su vocación de poder en sus actividades diarias y permanentes, al igual que requiere de una atención si se demanda hasta personalizada desde los niveles de dirección, para garantizar su adecuada formación…

Una de las tares indispensables en la lucha revolucionaria para los comunistas y su Partido es la formación de numerosos cuadros políticos, técnicos y militares, antes y después del triunfo de la revolución.

La organización de la revolución y su desenlace no tiene una temporalidad porque responde a diferentes situaciones económicas, sociales, políticas de un país, al igual que las circunstancias en las que las masas y el Partido del proletariado estén en condiciones de desarrollarla, por lo que en este caminar revolucionario se requiere de diferentes cuadros que se afirmen en su papel de jefes dentro de la organización, de ahí que la política de cuadros es una tarea inmediata para todos los niveles de dirección, al igual que el reclutamiento.

Entendemos que el cuadro parte de su decisión personal de asumir nuevos retos y compromisos y juntar su vocación de poder en sus actividades diarias y permanentes, al igual que requiere de una atención si se demanda hasta personalizada desde los niveles de dirección, para garantizar su adecuada formación, compromiso y capacidad para la toma de decisiones y aportes políticos y teóricos en sus colectivos de militancia, los cuadros de dirección nacional deben hacer los esfuerzos porque su atención permanente a los colectivos se materialice en el avance uniforme del nivel teórico y político de los mismos, sin dejar de lado la atención personalizada a quienes se considere con mayor perspectiva y deseos de avanzar.

La atención personalizada no significa en lo más mínimo reemplazar a los colectivos o poner atención al trabajo solo con determinados camaradas, porque esto aísla al cuadro del colectivo y se cofunde camaradería con amiguismo, el principio del centralismo democrático se mina con ese estilo grupista de trabajo, porque no permite una lucha ideológica a cabalidad, con una severa autocrítica desde arriba y una oportuna crítica desde abajo, para corregir los posibles errores o incomprensiones.

El grupismo está de mano del seguidismo, dos males que afectan a una organización política revolucionaria que debe cuidar siempre que se discuta, debata, analice la realidad concreta para dar una solución concreta a tal o cual fenómeno, pues, de lo contrario corremos el riesgo de acatar mecánicamente una orientación porque lo dice alguien de nivel superior sin señalar nuestras consideraciones u opiniones. La lucha ideológica al interior de nuestras filas fortalece la democracia interna del Partido y a éste mismo integralmente, porque el cuadro en formación está obligado a sustentar teóricamente con opiniones en el debate y para eso requiere un adecuado estudio de la realidad.

Para los comunistas no existe cuadro acabado, terminado, perfecto; dejamos de aprender cuando morimos, no somos sabelotodo y por eso mismo nuestra formación debe ser diaria, permanente,; no podemos equivocadamente creernos ya autorealizados por lo poco, medio o mucho de marxismo leninismo que conocemos.

El comunista es un materialista dialéctico y, como tal, asume que todo cambia. No puede conformarse con lo que sabe, es un investigador científico, social, tecnológico con un elevado nivel cultural, que le permite tener una visión multilateral de un fenómeno y por ende una valoración más objetiva de la realidad. Hacemos este planteamiento para entender que el comunista no puede tener predilectos entre los militantes y más aún si ocupa cargos de dirección, porque eso no ayuda al cuadro en formación. Este último debe sentir que la atención al colectivo es justa y uniforme sino desdibujamos la imagen del comunista que el cuadro posee.