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Ofensiva capitalista contra la clase obrera

Martes 1ro de diciembre de 2015

El ataque capitalista contra la clase obrera se efectúa en múltiples frentes sobre la base de las directivas establecidas por la oligarquía financiera para obtener la máxima ganancia.

El análisis realizado en la XX sesión plenaria de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista Leninistas, CIPOML, sobre la situación internacional y nuestra tareas, establece que a consecuencia de la última crisis capitalista y las persistentes dificultades económicas que éste enfrenta, se ha producido un empeoramiento de la situación política en los países imperialistas y capitalistas, en la destrucción de la soberanía y la independencia nacional de los países dependientes.

Mientras crece el descontento y la desconfianza hacia las corruptas clases dominantes y el parlamentarismo burgués, asistimos en muchos países a un proceso de transformación reaccionaria del poder estatal, que tiende a la forma de la dictadura abierta de la burguesía.

El empeoramiento de la situación económica y política empuja a la burguesía – en crisis de consentimiento y liderazgo - a acentuar los métodos autoritarios y prepotentes de sus gobiernos, a liquidar los derechos y las libertades de los trabajadores como los derechos de huelga, de organización, de expresión, de manifestación, etc., a reprimir las luchas obreras y populares, para debilitar la organización y la resistencia de la masas y declarar ilegales sus luchas.

Al mismo tiempo, las clases dominantes se esfuerzan por restringir las prerrogativas de los parlamentos, por modificar en sentido reaccionario las constituciones demócrata-burguesas, por cancelar los espacios políticos y sindicales utilizados por el movimiento obrero y comunista.

En los países donde la burguesía ya no puede gobernar con sus viejos métodos y partidos, se sirve de movimientos populistas y nuevos partidos socialdemócratas, así como de los partidos confesionales, pro fascistas y fascistas para desviar el descontento de las masas, dividirlas y conservar su dominio de clase. En estas condiciones las libertades “democráticas” y los derechos de los trabajadores en muchos países sufren violentos ataques.

La política de guerra y el intervencionismo militar se traducen en aumento de las medidas de “seguridad” y represivas, en un clima de intensa propaganda demagógica y xenófoba que envenena la opinión pública.

Continúa la ofensiva anticomunista, que se expresa en brutales ataques y denigraciones y se fortalece especialmente en los países bálticos y en Ucrania, con la prohibición de la actividad política, de los símbolos comunistas y la obscena equiparación comunismo-fascismo.

El ataque capitalista contra la clase obrera se efectúa en múltiples frentes sobre la base de las directivas establecidas por la oligarquía financiera para obtener la máxima ganancia.

Consiste en la liquidación de la mayoría de las conquistas y los derechos políticos, sociales y sindicales conseguidos por la clase obrera en décadas de luchas, en las así llamadas "reformas estructurales" del mercado de la fuerza-trabajo que permiten mayor flexibilidad, precariedad, más estrecho control sobre la producción y en la "desregulación" total para eliminar las barreras erigidas contra la explotación capitalista.

Continúa el ataque a los salarios, que son diferenciados para favorecer la aristocracia obrera y perjudicar la masa obrera. Las pensiones y la seguridad social de los trabajadores se reducen y la edad de jubilación se retrasa. En muchos países, los capitalistas y sus gobiernos están tratando de ampliar la jornada laboral, de extender el trabajo nocturno y a los días festivos. Se asiste a la extensión del sector informal, sin derechos para los trabajadores. Las mujeres, los jóvenes, los trabajadores migrantes, son los blancos favoritos de la discriminación y súper- explotación, con el intento de romper la resistencia unitaria de la clase obrera.

En los países obligados a de valuar su moneda, los trabajadores son obligados a pagar el desastre económico.

En muchos países están rebajándose los contratos colectivos de trabajo (nacionales y de grupo), sobre todo, los logrados por los sindicatos obreros que resisten a la ofensiva. Los capitalistas y sus gobiernos incrementan sus esfuerzos para dividir a los trabajadores, enfrentar jóvenes y ancianos, regulares e irregulares, nativos y extranjeros… En cuanto a los métodos, las amenazas, el chantaje, las mentiras se han convertido en los temas preferidos de la burguesía.

El elevado nivel de endeudamiento de los Estados - debido al rescate financiero de bancos y empresas – y las consiguientes políticas de "austeridad", determinan ulteriores cortes a los gastos sociales, sanitarios, educativos, a las jubilaciones y los transportes públicos, además del incremento de los impuestos directos e indirectos que cargan sobre las masas trabajadoras.

Los tratados neoliberales como el la Asociación Trasatlántica para el Comercio y la Inversión, TTIP, la Administración General de Servicios, CETA y el Acuerdo del Comercio de Servicios, TISA, incidirán en las reglas que garanticen un mínimo de protección en el ámbito laboral; de la seguridad social, así como en la calidad y sanidad de la alimentación; y la defensa de los servicios públicos. A raíz de eso los monopolios más poderosos podrán penetrar fácilmente en los mercados, para buscar la máxima ganancia. Una consecuencia de esto será la eliminación de miles de puestos de trabajo. Claramente estos tratados son armas contra todos los pueblos.

Como resultado de la criminal ofensiva del capitalismo y sus gobiernos se agudiza la lucha de clases.