Semanario En Marcha

Órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador PCMLE

Portada del sitio > Formación > desde la Historia > Trabajadores del Ingenio San Carlos en permanente lucha

Trabajadores del Ingenio San Carlos en permanente lucha

Martes 11 de julio de 2017

El 24 de octubre de 1977, los trabajadores del Ingenio San Carlos, ubicado en la parroquia Marcelino Maridueña cercana a Guayaquil, iniciaron la huelga por sus reivindicaciones sintetizadas en tres puntos: pago del saldo de utilidades correspondiente al año 1976, retiro de la petición de vistos buenos y retorno de 28 trabajadores despedidos. También se solidarizaron con los trabajadores de Aztra. Exigieron la destitución del Ministro de Trabajo Jorge Salvador Chiriboga y del Ministro de Gobierno Bolívar Jarrín Cahueñas, principales culpables de la masacre perpetrada contra sus hermanos de clase.

Frente a la huelga, que se extendió por más de tres meses, los empleadores realizaron innumerables maniobras tratando de romperla, utilizaron a elementos traidores con el objeto de fomentar la división, incendiaron varias hectáreas de cañaverales para culpar a los trabajadores mediante una campaña desatada en los grandes medios, amenazaron con el desalojo y con la liquidación de la empresa.

Desde su creación en 1897, el Ingenio San Carlos explotó a miles de trabajadores con bajos salarios, multas, descuentos, largos turnos de trabajo, en beneficio lógicamente de los empresarios, “creadores de riqueza”, principalmente de su más grande accionista Juan X. Marcos.

Mientras Marcos amasó un capital de alrededor de 370 millones de sucres, activos fijos de 2.500 millones de sucres, entre ellos 21 mil hectáreas de tierras, de las cuales 14.000 las dedicó al cultivo de caña de azúcar; aparte de la melaza y bagazo de caña que es utilizado para la fabricación de papel, actividades de las que la empresa había recibido en los últimos tres años, alrededor de 4.000 millones de sucres, con ganancias líquidas de cerca de 800 millones de sucres, sus 4.000 trabajadores, muchos de ellos asalariados agrícolas, ganaban menos del “mínimo vital” de 1.500 sucres.

Este negocio “jugoso” es el que la familia Marcos Stagg defendía a toda costa para conservar sus privilegios compraban jueces y autoridades, pagaban a bandas armadas para reprimir a los trabajadores y a sus dirigentes.
Frente a toda esta violencia, los trabajadores del Ingenio San Carlos lucharon por conquistar el derecho a mejores condiciones de vida, realizaron varias huelgas y paros para exigir a los empleadores el cumplimiento de sus obligaciones, fortalecieron sus organizaciones y se mantuvieron en pie de lucha para que se respeten sus derechos.