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Trabajadores de Guitig por el camino del combate

Martes 18 de julio de 2017

El martes 31 de enero de 1978 fueron desalojados los trabajadores de la embotelladora Guitig, en la ciudad de Guayaquil. La orden la dio directamente el Ministro de Trabajo, Coronel (r) Jorge Salvador Chiriboga.

La empresa envasaba y distribuía el agua mineral que era llevada en tanqueros desde Machachi, provincia de Pichincha, hasta Guayaquil, donde luego de embotellada se la vendía a 4.50 sucres cada botella, dando así grandes ganancias a los propietarios, pese a esto y durante los últimos cuatro años, los trabajadores no percibieron ni un solo centavo por concepto de utilidades.

Los trabajadores, cansados de las traiciones de la burocracia sindical decidieron enrumbarse por el camino del combate. Ante la actitud de lucha, el hijo del propietario de la empresa, Andrés Fernández Salvador, contrató los servicios de un exboxeador, Oscar Fernández, garrotero profesional y guardaespaldas de Pedro Menéndez Gilbert, del tiempo cuando éste fue alcalde.

Ese matón a sueldo fue nombrado subgerente de ventas con un sueldo de 20.000 sucres mensuales y tuvo la tarea de destruir la organización de los trabajadores mediante el amedrentamiento, sobre todo a los dirigentes.

Pero los empleadores no contentos con ello montaron toda una farsa con la complicidad de las autoridades que consistió en la acusación en contra del dirigente laboral Luis Cumanante Rivera, de haber alterado el precio de venta del agua, lo cual era falso, pero sirvió de pretexto para que lo apresaran junto con Walter Escalante y Carlos Segovia. sus compañeros lograron sacarlos un día viernes, y el lunes siguiente se presentaron al trabajo y supieron que estaban con pedido de visto bueno que ese día había sido enviado con la citación como si estuviesen todavía detenidos en la penitenciaría del Litoral, con el pedido firmado por el gerente que desde hacía días estaba en el exterior.
Los trabajadores entendieron que todo ese montaje provenía de los empleadores en complicidad con el Intendente de Guayaquil de la época, Jaime Vernaza Trujillo, por lo que se lanzaron a la huelga exigiendo el regreso de sus compañeros. Recibieron la solidaridad de muchas organizaciones, así como de sus compañeros de la fábrica de Machachi. Y aprendieron que el único camino que tienen los trabajadores es el de unirse ampliamente, organizándose más férreamente para avanzar en la lucha contra los explotadores.