Semanario En Marcha

Órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador PCMLE

Portada del sitio > Formación > desde la Historia > La mujer y la revolución de Octubre

La mujer y la revolución de Octubre

Martes 12 de septiembre de 2017

Los avances en derechos fueron muy importantes, pero el cambio más radical fue el arrancar a las mujeres de la carga de trabajo doméstico.

Corría el 8 de marzo de 1917, en Petrogrado se convocaron varias manifestaciones y mítines de mujeres por su día. Las obreras de las fábricas textiles de la capital, en el distrito de Vyborg, salen a la huelga y recorren en grupos las fábricas vecinas. Se dirigen especialmente hacia las empresas del metal, llamando a los trabajadores a sumarse.

Un editorial de Pravda, en marzo de 1917, informaba una semana después de las manifestaciones y los mítines que “las mujeres fueron las primeras en salir a las calles de Petrogrado en su Día Internacional. Las mujeres de Moscú en muchos casos determinaron el estado de ánimo de los soldados; iban a las barracas y los convencían de ponerse del lado de la revolución. ¡Que vivan las mujeres!”

La Guerra Mundial y el desarrollo del capitalismo en Rusia habían empujado a la mujer al mercado de trabajo. Los censos de 1897-1914 muestran que había 20 millones de mujeres en la fuerza de trabajo asalariada del Imperio ruso de las cuales 4 millones eran obreras. Esta cifra aumentó considerablemente en la década anterior a 1917, llegando a 7,5 millones de mujeres trabajadoras en la industria.

“De febrero a septiembre, se crean organizaciones sindicales en la industria del textil y de la alimentación; en el, textil, las mujeres representan el 66% del efectivo total, es decir, un 80% de los miembros del sindicato; en la alimentación, representan el 69%, del total y el 70% de los afiliados.” Nos recuerdan los camaradas del Partido de los Trabajadores de Túnez en su trabajo publicado en la Revista Unidad y Lucha No. 34.

“Después de la revolución de febrero, los militantes del partido lucharon en el seno de los sindicatos contra una propuesta de combatir el desempleo despidiendo a las mujeres casadas, cuyos cónyuges trabajaban, porque pensaban que ello era una amenaza para la unidad política del proletariado. Antes de la revolución, centenas de mujeres habían ingresado el Partido bolchevique, participaban en los diferentes aspectos del trabajo, tanto en el legal como en el clandestino, y ocupaban puestos de responsabilidad en los comités locales del partido, o como agentes de enlace, agitadoras y propagandistas.

Pero esas militantes obreras no se enfrentaban únicamente a los patronos, luchaban al mismo tiempo contra los prejuicios sexistas que tenían aún los camaradas hombres.”

“A esas dificultades hay que añadir la lucha contra las corrientes feministas que trataban de guardar su predominio en el movimiento de las mujeres rusas. Después de la implicación de las mujeres en el movimiento social y político, dos concepciones opuestas se enfrentaban: Para los marxistas, la opresión específica de las mujeres tiene su origen en la sociedad de clase y no puede ser erradicada más que con la destrucción de la propiedad privada de los medios de producción…El marxismo está en desacuerdo con el feminismo burgués, esencialmente sobre el problema de saber dónde está la división principal en la sociedad: las feministas mantienen que es entre hombre y mujer; para los marxistas, es entre clases, es decir, entre explotadores y explotados. La emancipación de la mujer es una tarea de toda la clase obrera.”

La Revolución Rusa de 1917, otorgó conquistas para las mujeres que hasta entonces no se habían logrado en ningún país capitalista. El Código Civil soviético de 1918 constituía la legislación familiar más progresiva que había visto el mundo. Abolió el estatus legal inferior de las mujeres y creó igualdad bajo la ley; establecía el divorcio por el simple pedido de cualquiera de las partes y barrió con siglos de leyes de propiedad y privilegios masculinos al abolir la legitimidad y otorgar iguales derechos a todos los hijos, nacidos dentro o fuera de un matrimonio registrado.
Los avances en derechos fueron muy importantes, pero el cambio más radical fue el arrancar a las mujeres de la carga de trabajo doméstico. No proponían simplemente una división igualitaria del trabajo del hogar entre hombres y mujeres, sino separar esas tareas de la unidad familiar individual y transferirlas al ámbito público como por ejemplo con el establecimiento de guarderías en cada fábrica o centro de estudio; lavanderías y comedores comunitarios, etc.